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En cada uno de los numeros de la revista en esta seccion se encontraran diferentes entrevistas con algunos de los profesores del departamento de pscologia de la Universida Nacional de Colombia.

Charlemos con... 

Flor Emilce. 

Entrevistador (E): Antes de comenzar la entrevista, quiero agradecer su colaboración con este proyecto. La verdad es que estas entrevistas están pensadas para que los docentes nos cuenten algo acerca de su trayectoria académica y profesional, lo cual abre un espacio para la reflexión, donde los profesores pueden dar a conocer su propia visión de la psicología y compartir sus experiencias en el ejercicio de esta disciplina.Teniendo en cuenta lo anterior, quisiera empezar esta conversación haciéndole una pregunta fundamental: ¿Por qué decidió estudiar psicología?

 

Profesora Flor Emilce (F.E.): Yo tenía muy claro que quería estudiar algo relacionado con ciencias humanas. Desde el colegio siempre me gustó la filosofía. Cuando llegó el formulario de la Universidad Nacional, vi que existía la opción de estudiar filosofía. Pero inmediatamente pensé que si yo escogía esa carrera, en mi casa me iban a matar. Entonces me pareció que la psicología-como generalmente se piensa- tenía más aplicaciones y más campo laboral. Por eso es que finalmente decidí estudiar psicología. Sin embargo, esa no fue una decisión forzada, porque yo en realidad quería entender al ser humano. Eso por un lado. Por el otro, una cosa muy interesante -que yo sé que de pronto a muchos estudiantes les sucede- es que uno entra a estudiar psicología impulsado por preguntas que uno tiene acerca de sí mismo. Mi interés no sólo estaba enfocado en comprender la conducta de los otros, sino también la de uno mismo. Entonces uno tiene la ilusión de que cuando entra a estudiar psicología va a adquirir las herramientas teóricas claves para llegar a ese entendimiento.

 

E: A mí me llamó mucho la atención ver su hoja de vida y darme cuenta de que en su tesis de pregrado se ve claramente su interés por los temas filosóficos. Así que quisiera preguntarle qué es lo que la motivó a guiar definitivamente su trayectoria académica hacia la filosofía.

 

F.E.: Cuando yo cursé el pregrado, aquí en el departamento existían tres enfoques claramente diferenciados. Estaba el conductismo, el psicoanálisis, y lo que en ese momento se llamaba “psicología genética”. En el tercer semestre uno tenía que escoger un enfoque, y yo escogí el psicoanálisis. Entonces yo estudié psicoanálisis durante toda la carrera. Por eso yo empecé la práctica clínica con orientación psicoanalítica. Yo era la más convencida de las tesis psicoanalíticas, en parte porque solo el psicoanálisis me dio la respuesta a todas esas preguntas que yo tenía acerca de la naturaleza humana. Sin embargo, mi convencimiento duró hasta cuando yo entré a la práctica. Esa experiencia me hizo darme cuenta de que no estoy preparada para ser una psicóloga clínica, porque eso requiere de mucha responsabilidad. Pero, sobre todo,fue ahí cuando me percaté de que la psicología tiene muchos problemas epistemológicos. ¿Qué quiere decir eso? Pues que las teoríaspsicológicas tienen sus sesgos, sus orientaciones… El psicoanálisis, por más atrayente que sea, no es completamente satisfactorio en las explicaciones que ofrece. Entonces a mí me llamó la atención comprender cómo se construyen las teorías en psicología y cuáles son los problemas que tiene que enfrentar el psicólogo teórico. Ahí fue cuando yo retomé mi interés por la filosofía. Al hacer mi tesis me di cuenta que mi orientación era principalmente teórica.

 

Esa fue una decisión muy difícil, en parte porque ni el 1% de los psicólogos se dedica a eso, puesto que en general lo que atrae más es el campo aplicado y profesionalizante. A pesar de eso, pensé que la mejor manera de abordar esos problemas epistemológicos de la psicología era empezar una formación en filosofía. Fue por eso que terminé haciendo la maestría en filosofía.

 

Ahí también tuvo que ver algo muy práctico, y fue que después de graduarme como psicóloga, yo comencé a conseguir trabajo, más o menos en algo en donde tocaba hacer encuestas. Eso fue muy complicado. Mi situación en ese momento era que no conseguía un trabajo bien pago como psicóloga y, más encima, quería ponerme a estudiar filosofía. Afortunadamente, yo contaba con el apoyo de mi familia, especialmente de mi mamá. Entonces yo me hice la idea de que tenía que formarme como una buena teórica para hacer una contribución a la psicología.Por eso es que tanto en la maestría como en el doctorado he tratado de abordar de la mejor manera posible los problemas epistemológicos de la psicología, y por eso fue que duré más o menos diez años formándome en filosofía, contando la maestría y el doctorado.

 

E: ¿En qué medida cambió su visión de la psicología el hecho de haber tenido una formación tan intensiva en filosofía?

 

F. E.: Yo creo que si la cambió bastante, porque me permitió ver con más claridad de dónde vienen las teorías en psicología y la importancia de saber cuáles son los fundamentos teóricos de la psicología. Además, la formación en filosofía me permitió empezar a formar una actitud crítica. De ahí me surgió la convicción de que es muy importante para todo psicólogo conocer bien esas bases teóricas y desarrollar un cuestionamiento de las mismas a través de una actitud crítica.

 

Por otra parte, existen algunos temas centrales para la psicología, tales como entender qué es la mente y cuál es la relación entre la mente y el cuerpo –si es que son dos cosas distintas- , que han sido abordados más desde la filosofía, pero que es importante que el psicólogo los piense y los trabaje teóricamente.

 

E: Una de las razones por las cuales la estamos entrevistando es porque es realmente interesante su intento de formar una actitud crítica entre los estudiantes, pues considero que la crítica es la madre fundadora de las teorías en psicología y, en general, de las teorías en todas las demás disciplinas científicas. Por ejemplo, probablemente no hubiéramos podido pensar en un enfoque cognitivista en psicología si un grupo de personas no hubiera hecho una crítica al paradigma conductista.Por esto, yo quisiera hacerle la siguiente pregunta: ¿cómo surge la idea de elaborar una metodología de trabajo en clase diseñada para promover una actitud crítica en los estudiantes?

 

F.E.: Cuando entré a trabajar como docente aquí en la universidad(hace casi cinco años) fue uno de los momentos más felices de mi vida. Me hizo muy feliz el hecho de que me volvieran a abrir las puertas y que, después de toda esa formación, pudiera venir a compartir con todos todo eso que había aprendido.

 

Yo aquí empecé a dictarFundamentos de Constructivismo y Desarrollo Intelectual. Los contenidos de estas materias provienen básicamente de mi formación en filosofía. Y una buena formación en filosofíano consiste en que te aprendas de memoria qué fue lo que dijo Platón, Aristóteles y Kant y lo recites, sino que reflexiones acerca de esas teorías y tomes una posición al respecto. Yo creo que para la psicología –y para las demás ciencias- es absolutamente necesario asumir una actitud crítica, porque si no es así vamos a estar simplemente repitiendo contenidos, lo cual en muchas ocasiones resulta inútil. Cuando se asumen las teorías de manera crítica se logra una mayor recordación y efectividad en el  aprendizaje de las mismas, porque es así como uno entiende para qué sirven las teorías.

 

Todo esto tiene que ver con la idea constructivista de entender que el estudiante es un par académico. Desde este punto de vista, el estudiante no es alguien que no sabe y el maestro no es alguien que sabe y que tiene que transmitir su conocimiento al estudiante. Lamentablemente, estamos inmersos en un modelo de transmisión tradicional que se opone a esta idea. Claro está que detrás de ese modelo de transmisión están involucradas ciertas relaciones de poder. Pero yo insisto en que lo que enriquece la actividad académica es la comprensión de cómo los estudiantes asimilan las diferentes teorías a través del debate y la discusión.

 

De otro lado, si uno revisa (yo no lo he hecho) los estatutos de la universidad, estoy segura de que en todos aparece como objetivo propiciar la actitud crítica en los estudiantes. Pero eso es pura letra, porque los profesores en las aulas no lo hacen. Y una de las razones por las cuales creo que eso no se pone en práctica (y eso es algo que yo les critico a todos los profesores) es porque resulta más fácil que el docente llegue a clase y se pase dos horas hablando para que al final haga tres o cuatro parciales en todo el semestre. Por  otra parte, es mucho más difícil preparar una clase en la que se hagan preguntas, se establezcan relaciones con otros temas, se promueva el debate y se anime a los estudiantes a que hablen. Sin embargo, yo he tratado de poner en práctica todo eso a pesar de que la gran cantidad de estudiantes por clase a veces dificulta las cosas.

 

Yo quería decir otra cosa, que es que aquí en la universidad pública suele haber un pesimismo enquistado ante la implementación de nuevas metodologías, en parte porque se supone que desde el colegio ya nos acostumbramos a ese estilo tradicional de aprendizaje, que se caracteriza por 1)el poco gusto que se le tiene a la lectura y 2) porque se obliga a los alumnos a hacer resúmenes de lo poco habían leído, lo cual indica que hay cero pensamiento crítico de por medio.Para cambiar todo eso, hay que ser ingenioso, creativo, recursivo y se debe establecer un contacto más cercano con los estudiantes, porque un ambiente dialógico equivale a un ambiente de confianza. A mí, por ejemplo, no me gusta poner notas de participación porque yo no quiero que el estudiante se sienta obligado a intervenir, sino que deseo que cada uno sienta confianza de expresar lo que crea pertinente sin la preocupación de que los demás se burlen o de que el profesor crea que lo que se está diciendo es una bobada. Claro está que –y esto muchos me lo han dicho- a veces tengo que tener mucha paciencia con algunas intervenciones de los alumnos, que al final de cuentas son válidas. El aula de clases no debe ser un espacio donde se escuche la voz de un profesor sabiondo, sino que tiene que ser un espacio donde se escuchen diferentes voces. En realidad, yo aprendo mucho después de cada clase, a pesar de que eso sea algo que todos los profesores dicen.

 

E: En teoría, me parece que esto de propiciar una actitud crítica en los estudiantes y de abrir un espacio para la discusión no solamente es posible, sino que también debe ser de obligatorio cumplimiento para formar profesionales cada vez más competentes. Sin embargo, y aquí viene mi pregunta, ¿qué resultados ha obtenido tras la aplicación de esta metodología de trabajo en las clases que usted dicta?

 

F.E.: En el ámbito educativo hay dos formas de medir los resultados de los estudiantes: una cuantitativa y otra cualitativa. La forma cuantitativa es sumamente engañosa, porque ¿qué criterios de evaluación propone? ¿Que todos los estudiantes tengan notas de 4,5 para arriba? Muchos profesores miden el desempeño académico así. Yo le doy poca importancia a eso.Yo creo que los resultados se visibilizan más adoptando un punto de vista cualitativo. Pongo el ejemplo de las exposiciones y de los proyectos de investigación que hicieron los estudiantes para una de las clases que yo dicté el semestre pasado, que fue la de Emoción. A pesar de que considero que las clases se volvieron un poco aburridas, el proceso de preparación de las exposiciones y de los proyectos por parte de los estudiantes me dejó muy satisfecha, porque vi que todos dedicaron mucho tiempo en buscar información, en estudiarla, en diseñar las diapositivas, etc. Por otro lado, he visto que algunos egresados que tomaron clases conmigo han aplicado ese espíritu crítico y ese deseo por promover el debate en sus entornos laborales. No quiero echarme todo al hombro y decir que todo eso se ha dado gracias a mis clases, porque el ambiente de la universidad también ha sido un factor de gran importancia en el fortalecimiento de esas habilidades.

 

F.E.: En el ámbito educativo hay dos formas de medir los resultados de los estudiantes: una cuantitativa y otra cualitativa. La forma cuantitativa es sumamente engañosa, porque ¿qué criterios de evaluación propone? ¿Que todos los estudiantes tengan notas de 4,5 para arriba? Muchos profesores miden el desempeño académico así. Yo le doy poca importancia a eso.Yo creo que los resultados se visibilizan más adoptando un punto de vista cualitativo. Pongo el ejemplo de las exposiciones y de los proyectos de investigación que hicieron los estudiantes para una de las clases que yo dicté el semestre pasado, que fue la de Emoción. A pesar de que considero que las clases se volvieron un poco aburridas, el proceso de preparación de las exposiciones y de los proyectos por parte de los estudiantes me dejó muy satisfecha, porque vi que todos dedicaron mucho tiempo en buscar información, en estudiarla, en diseñar las diapositivas, etc. Por otro lado, he visto que algunos egresados que tomaron clases conmigo han aplicado ese espíritu crítico y ese deseo por promover el debate en sus entornos laborales. No quiero echarme todo al hombro y decir que todo eso se ha dado gracias a mis clases, porque el ambiente de la universidad también ha sido un factor de gran importancia en el fortalecimiento de esas habilidades.

 

 E: Cambiando un poco de tema, yo pienso que eventualmente todo profesor se forma una imagen general y estereotipada de todos sus estudiantes, imagen que de alguna manera implica cierta comprensión de sus fortalezas y debilidades. Por eso yo quisiera preguntarle cuáles considera que son las fortalezas y las debilidades del típico estudiante de la Universidad Nacional.

F.E: Una de las principales fortalezas que tienen la mayoría de estudiantes de la Nacional es que tienen un buen nivel académico de entrada. El examen de admisión exige que los estudiantes que entran acá tengan un buen nivel de lectura y de conceptualización. (Esto puedo decirlo haciendo una comparación con otras universidades en las que he trabajado.) En segundo lugar, pienso que la actitud crítica que ya está en ustedes y que se promueve en el ambiente de la universidad es otra fortaleza importante. Tercero, veo que la mayoría pone un gran empeño en el estudio, a  pesar de que para sus familias puede llegar a representar un esfuerzo muy grande el hecho de mantenerlos acá en esta universidad. Otra fortaleza es la conformación de grupos con gente tan distinta, porque eso posibilita que todos tengan una visión abierta y que se de entre los estudiantes una apertura de pensamiento, lo cual es muy importante para que cada uno tome en consideración ciertas teorías en psicología. Finalmente, tengo que destacar que acá hay un ambiente de “chevería” que abre la posibilidad de encontrar a gente muy amable; de hecho, aquí en la universidad tengo algunos amigos estudiantes que son muy cercanos a mí, cosa que no me ha pasado en otras universidades.

 

En cuanto a debilidades, he notado que especialmente los estudiantes de psicología tienen una falta de seguridad en sí mismos, lo cual es también culpa de los profesores. Por eso es que para enfrentar este problema yo decidí poner a los estudiantes a que hicieran exposiciones y proyectos de investigación; es que yo me di cuenta de que yo hablo durante toda la clase y de que, por lo tanto, no hay espacio para que ustedes, los estudiantes, hablen. Esta falta de seguridad se ve reflejada en que algunos egresados no se atreven a plantear un debate o a aprovechar nuevas oportunidades en sus ambientes laborales, a pesar de que tienen una formación conceptual y actitud crítica excelentes. Lo que necesitan los estudiantes es empoderarse. Aunque los mejores profesionales del país salen de la Nacional, uno se da cuenta de que, por ejemplo, todos los ministros son uniandinos. Pero lo que causa esta tendencia no sólo es la falta de seguridad, sino también la apatía, la pereza que sienten algunos con la idea de ocupar puestos importantes.

 

No sé si sea adecuado responsabilizar solamente a los estudiantes de todo esto, porque yo creo que todo es una responsabilidad que comparten tanto los estudiantes como los profesores. Por ejemplo, el estudiante debe ser responsable de su formación como sujeto político (que es muy importante) y tiene la responsabilidad de informarse acerca de los problemas que atraviesa su propia universidad.

 

E: ¿Cómo cree que los estudiantes podrían reforzar esas fortalezas y trabajar para mejorar esas debilidades?

 

F.E: En cuanto a las fortalezas, no es suficiente con que el estudiante tenga una actitud crítica y haya alcanzado una “apertura de mente”. Lo que hay que hacer es unir esas dos cosas, aprovecharlas, potencializarlas y ponerlas en acción tanto en la labor teórica como en la actividad práctica. Yo estoy segura de que si se logra eso, los resultados van a ser altamente satisfactorios.

Por la parte de las debilidades, yo creo que es realmente importante cambiar la metodología con la cual se define el número de estudiantes por clase, porque resulta muy complicado crear un ambiente dialógico con grupos de 80 o 100 alumnos. Sin embargo, eso no debería ser una excusa, sino una invitación a que los profesores se las ingenien para ir más allá de las dificultades. No se puede seguir echándole la culpa al sistema, porque el sistema empieza por uno mismo. Tampoco se puede esperar a que ese “sistema” cambie milagrosamente. Hay que empezar a proponer soluciones preguntándonos qué es lo que cada uno de nosotros estamos haciendo para lograr que las cosas cambien.

 

E: Este cambio que usted plantea puede durar muchos años, y probablemente ni usted ni yo nos encontremos en esta universidad cuando se empiece a notar el progreso. Por eso ahora quiero hacerle la siguiente pregunta: ¿Qué podrían ir haciendo los profesores y los estudiantes para mejorar las cosas dadas las condiciones actuales?

 

F.E: Primero, yo repito que no debemos seguir viviendo en la fantasía de esperar a que algún día el sistema vaya a cambiar milagrosamente. Creo que tanto estudiantes como docentes tenemos que asumir algo llamado responsabilidad social del conocimiento. ¿Qué significa esto? Significa que, por ejemplo, yo tengo una responsabilidad en esta universidad independientemente de que yo me haga cargo de un grupo de 20 o de 120 personas; para promover el debate, yo tengo que diseñar recursos audiovisuales a través de los cuales se planteen preguntas de manera creativa y amena para los estudiantes. Hacer eso lleva mucho más tiempo que el que se requiere para preparar una clase de la manera tradicional. Sin embargo, a veces esto les choca a algunas personas, porque, en mi caso, a mí me están pagando por una cátedra y, por lo tanto, no puedo demorarme tanto en calificar trabajos para un grupo grande de estudiantes y tampoco puedo demorarme en preparar mis clases. Pero yo pienso que uno debe darse cuenta de estamos en una universidad pública y de que debemos asumir una responsabilidad social con el conocimiento. La recompensa del sacrificio que implica todo esto se ve reflejado en la calidad del trabajo que hacen algunos estudiantes.

 

Por supuesto, los estudiantes también deben asumir el compromiso. Yo veo acá que el deporte favorito de los estudiantes es quejarse: ellos se la pasan criticando a las clases y a los profesores que las dictan, pero no son capaces de estar pendientes a las explicaciones del profesor o de leer cuidadosamente las lecturas de cada clase. Yo, por ejemplo, de vez en cuando reviso el grupo de Facebook de Comunicaciones Psicología, y me encuentro con que algunas de las preguntas más típicas de los estudiantes son: “¿Qué tal es tal materia con tal profesor?”, “¿Ese profesor pone muchos trabajos?”, “¿Esa materia será fácil?”. Y las respuestas más comunes son algo como: “¡No meta con ese profesor porque lo clavan!”, “¡No vea esa materia porque toca leer mucho!” o “¡Meta esa materia porque casi no dejan trabajos!”. La pregunta que uno termina haciéndose es: ¿Esos son los criterios que los estudiantes siguen a la hora de inscribir materias? Yo sé perfectamente que todos los estudiantes no son así, pero también sé que entre ellos existe una tendencia general a buscar siempre lo más fácil y a decir “¡Es que esos profesores dejan mucho trabajo!”. Y yo a veces digo “¡Trabajo tiene uno, que le toca hacer mil cosas!”. Aunque, claro está, yo también entiendo que a algunos estudiantes les toca trabajar o cuidar a sus hijos. Pero yo pienso que cada uno de nosotros debe esforzarse si queremos que las cosas cambien.

 

E: Yo, como estudiante, pienso que uno de los factores que influyen en la probabilidad de que un estudiante participe es la confianza que él o ella sienten hacia el docente que dirige la clase. Y es realmente significativo el hecho de que usted me haya abierto este espacio para sentarse a hablar un poco sobre su vida académica y profesional. Muchos profesores no abren este tipo de espacios porque ni siquiera habilitan un horario de atención para que los estudiantes se acerquen a comunicar sus dudas en un momento diferente al que se crea cuando se termina la clase y el profesor empieza a recoger sus cosas, preparándose para abandonar el aula.

 

F.E: A propósito de eso, yo quería agregar una cosa más. Esta es mas bien una crítica a algunos docentes de planta. Yo, repito, soy docente de cátedra y, por lo tanto, no tendría ninguna obligación de abrir horarios de atención, cosa contraria al caso de los docentes de planta. Está dentro de las obligaciones de este último tipo de docentes tener disponibilidad de tiempo para atender a los estudiantes fuera de las horas de clase. De no ser así, los estudiantes están en todo su derecho exigir la apertura de ese espacio. En el semestre pasado, yo habilité un horario en el cual los estudiantes me tenían que contar sobre su avance en la exposición y en el proyecto de investigación. Esa experiencia fue muy interesante porque tuve la oportunidad de conocer mejor a cada uno mis estudiantes y de darme cuenta quiénes estaban viendo clases conmigo.

 

A mi me parece muy importante este contacto con los estudiantes y la confianza que se produce en ese ambiente. Yo a veces en clase soy un poco irónica y hago chistes bobos precisamente para afianzar esa confianza. Lastimosamente, hay gente que no siempre recibe muy bien este tipo de acercamientos.

 

E:Profe, ahora yo quisiera saber cuál considera que es la clase que ha dictado en donde más se ha sentido realizada.

 

F.E: Es difícil saberlo porque yo creo que en todas las materias que he dictado acá me he sentido realizada. Sin embargo, yo me siento mucho más cómoda hablando de un tema que sea mi especialidad, y dictar la materia Epistemología de la Psicología me hizo sentir muy bien porque precisamente esa es mi área de especialización. Cuando dicté esa materia por primera vez, yo casi que entro en pánico porque el profesor Hernán Sierra –al que yo admiro mucho- era el que había venido ocupando esa cátedra. De hecho, el día que a él le hicieron un homenaje, yo me le acerqué a preguntarle si se acordaba de mí, y le dije que él era el responsable de que yo me haya metido a estudiar filosofía para entender más a fondo los problemas epistemológicos de la psicología. Fue por todo esto que sentí una gran responsabilidad cuando empecé a dictar Epistemología de la Psicología, y me sentí muy contenta porque pude conectar –con un buen nivel de profundidad- la psicología con la filosofía.

 

Pero no solamente me he sentido bien dictando esa materia de Epistemología. Ahora mismo, en la clase de subjetividad e intersubjetividad (uno de mis temas de investigación actual) he disfrutado mucho la posibilidad de relacionar la labor del filósofo con el quehacer del psicólogo.

Por otra parte, el semestre pasado dicté Emoción y Adolescencia, que son materias en las que yo nunca había trabajado y que involucraban unos temas con los que yo no estaba muy familiarizada. Fue todo un desafío sacar adelante esas materias, más que todo porque me la pasé leyendo durante todas las vacaciones y porque me costó mucho trabajo tratar de sintetizar todas las perspectivas existentes en esas áreas. Lo bueno de esa experiencia fue que pude interesarme en otros temas y que comprendí la importancia de que a cada uno lo saquen de su zona de confort.

 

E: Finalmente, yo quisiera que usted tratara de sintetizar todo lo dicho anteriormente en un mensaje directo a toda la comunidad académica, en donde más o menos usted intente explicar qué es lo que la comunidad académica debería hacer para hacerle frente a toda esta serie de problemas que caracterizan al panorama actual de la universidad.

 

F.E.: Yo creo que lo primero que deberíamos dejar de hacer todos los miembros de la comunidad académica es dejar de hablar de la universidad, porque la universidad somos todos. Esa manera de hablar conduce a que se piense inmediatamente en la universidad como el conjunto de directivos, administrativos, etc. Hay que darnos cuenta de que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad en todo esto. Yo insisto en que todos debemos asumir una responsabilidad social con el conocimiento. Se debe tomar consciencia de que estamos en un país con unas condiciones sumamente difíciles en las cuales no nos podemos dar el lujo de decir que lo único que realmente interesa es graduarse y trabajar en una empresa donde, por ejemplo, lo que se termine haciendo es aplicar test psicológicos. Los profesores y los estudiantes tienen que darse cuenta de que es un privilegio estar vinculados a la Universidad Nacional y de que es importante procurar que su trabajo tenga un impacto más allá de las discusiones enfocadas a debatir la validez de una u otra teoría. Al final, mi conclusión es que como todos somos parte del problema, también todos somos parte de la solución.

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